El Dr. Roger Paredes, del Hospital Germans Trias i Pujol, nos ofrecerá luz sobre el interesante papel del microbioma en personas con VIH en la sesión plenaria del tercer día del Congreso GeSIDA 2025. En esta entrevista nos avanza algunas de las claves de su intervención.
En los últimos años el microbioma se ha convertido en un campo de enorme interés. ¿Qué sabemos hoy sobre su papel en la infección por VIH?
Es cierto, y queda mucho por conocer aún. Sin embargo, sabemos ya cosas muy importantes: La disbiosis vaginal incrementa el riesgo de infección por el VIH. Es posible que la disbiosis rectal también lo haga. El microbioma intestinal se altera sobre todo en personas con nadires de CD4+ bajos. También hemos aprendido que la disbiosis de los late presenters se puede recuperar al iniciar tratamiento con inhibidores de la integrasa. Finalmente, cada vez tenemos más claro que las alteraciones en la microbiota intestinal influyen de manera determinante en la respuesta a las vacunas terapéuticas, el tamaño del reservorio viral y marcan el tono de la respuesta inmune innata y adaptativa.
¿Cómo influye la composición del microbioma intestinal en la inflamación crónica o la respuesta inmunitaria de las personas con VIH?
La disbiosis intestinal contribuye a establecer y a perpetuar la inflamación crónica sistémica. También influye en la capacidad de respuesta a inmunoterapias y modula la comunicación entre las distintas células del sistema inmunitario mediante cambios en la producción de metabolitos y señales de citoquinas, entre otros.
¿Qué resultados o líneas de trabajo están marcando el paso de la “pasión” a la “acción” en este ámbito?
A medida que acumulamos resultados de estudios independientes tanto en humanos como en modelos animales, vemos que las señales que observamos son consistentes y apuntan a que existe una regulación muy fina pero determinante, y dependiente del contexto de cada paciente, entre la microbiota y su sistema inmunitario.
¿Cree que modulaciones del microbioma —a través de probióticos, dieta o trasplantes fecales— podrían tener un papel terapéutico real?
Todavía no hemos llegado a validar intervenciones concretas más allá del trasplante de heces en algunos casos muy específicos, como resolver la disbiosis asociada a la diarrea por C difficile. Es posible que, en el futuro próximo, encontremos metabolitos o péptidos específicos que ejerzan funciones concretas que queremos modular en el sistema inmunitario. Por ejemplo, es factible prever que en un futuro no muy lejano, utilizaremos moléculas concretas derivadas del microbioma intestinal como adyuvantes a las inmunoterapias.
¿Qué retos técnicos o conceptuales limitan hoy el avance hacia intervenciones basadas en microbioma?
Hay tantas bacterias en el intestino como estrellas en la vía láctea. El principal problema es la complejidad de los sistemas que estamos abordando. Entender el lenguaje mediante el que se comunican y aprender a utilizar las «palabras» moleculares concretas que nos permitan dirigir dichas respuestas para conseguir mejorar la salud de los pacientes y la respuesta a los tratamientos que les damos. Al final, se trata de curar la infección por VIH ayudando al sistema inmunitario a hacerlo.
Desde su experiencia, ¿cómo debería integrarse la investigación del microbioma en los ensayos y en la práctica clínica del VIH?
Es importante que los estudios de microbioma vayan asociados a endpoints clínicos claros y relevantes en grupos de pacientes bien definidos y con los correspondientes controles. Debemos explorar todo el potencial de la IA para detectar nuevas asociaciones, integrar la enorme cantidad de datos multidimensionales de las distintas ómicas, establecer hipótesis mecanísticas, crear modelos de causalidad y, finalmente, volver al laboratorio «tradicional» para validar todos estos conocimientos y establecer evidencia biológica sólida de los mecanismos íntimos que rigen esta comunicación entre sistemas complejos. La prueba del algodón, al final de este proceso, es desarrollar ensayos clínicos rigurosos que demuestren nuestra capacidad para variar el curso de las enfermedades immunomediadas, como la infección por VIH. Sólo entonces podremos integrar la ciencia del microbioma en la práctica clínica. Pero estoy convencido que esto también llegará.