¿Qué retos específicos sigue planteando el abordaje del VIH en la mujer? La Dra. María Jesús Pérez Elías nos resolverá dudas en la primera ponencia de la sesión plenaria del martes lunes 24 de noviembre.
¿Cuáles son, a su juicio, los principales sesgos o lagunas que persisten en la atención a las mujeres con VIH?
Entre las principales limitaciones se encuentra la ausencia de perspectiva de género y la falta de consideración de los aspectos específicos relacionados con la atención a las mujeres. Es fundamental indagar sobre sus deseos reproductivos, su actualización en programas de cribado de cáncer y la presencia de síntomas asociados a la menopausia. Si bien los especialistas en VIH no siempre son responsables directos de tomar decisiones acerca de terapias hormonales o anticonceptivas, sí deben al menos contemplar estos aspectos y facilitar el acceso a dichas intervenciones.
Asimismo, es imprescindible abordar el estigma y la vulnerabilidad social, factores comúnmente presentes en las mujeres con VIH (MCVIH), sobre todo en las inmigrantes, ya que inciden negativamente en su calidad de vida y en los resultados en salud. Los sesgos existentes se derivan, en gran parte, de la escasa representación de mujeres en los ensayos clínicos iniciales. Muchos análisis realizados son post hoc, lo que nos obliga a extraer conclusiones de poblaciones insuficientemente estudiadas.
¿Qué diferencias clínicas o de respuesta terapéutica se observan entre mujeres y hombres a lo largo de la vida?
La principal diferencia entre hombres y mujeres radica en la mayor proporción de diagnóstico tardío y presencia de enfermedad avanzada observada en mujeres. Este factor constituye una desventaja, ya que en numerosos casos no se logra una recuperación inmunológica tras el inicio del tratamiento antirretroviral (TAR).
Otra distinción relevante corresponde a la tolerancia de los tratamientos, especialmente aquellos de generaciones anteriores. No se han observado diferencias significativas asociadas al sexo en cuanto a la eficacia del TAR. Las variaciones detectadas suelen responder a factores como dificultades de adherencia derivadas de roles sociales o la demora en acudir al sistema sanitario por temor al estigma. La introducción de nuevos fármacos ha reducido estas diferencias, ya que presentan mayor tolerabilidad y eficacia similares entre ambos sexos.
¿Cómo impactan los cambios hormonales —como menstruación, embarazo y menopausia— en el manejo del VIH y la calidad de vida de las mujeres?
En la actualidad, gracias al control virológico y a la recuperación inmunológica mediante el tratamiento precoz, los problemas experimentados por mujeres con VIH son comparables a los de la población general. El enfoque clínico debe centrarse en atender cualquier complicación específica que pueda surgir.
En etapas previas, caracterizadas por ausencia de control virológico e inmunodeficiencia severa, era habitual encontrar casos de insuficiencia ovárica en edades tempranas, menopausia precoz y menometrorragias intensas.
¿Qué avances recientes considera más relevantes para integrar una perspectiva de género en la investigación y práctica clínica?
Las mujeres activistas, junto con numerosas profesionales médicas a nivel mundial, han contribuido significativamente a generar una conciencia que ha impulsado la consideración de las cuestiones de género en el ámbito científico y médico. Actualmente, es cada vez más evidente en congresos y en el diseño de estudios la necesidad de incorporar la perspectiva de género. La FDA, por ejemplo, exige que antes de aprobar la comercialización de un fármaco se incluyan un número mínimo de mujeres en los ensayos clínicos y otorga especial relevancia al estudio de mujeres embarazadas, tanto en términos farmacocinéticos como de salud materna y del neonato.
¿Cómo deberían adaptarse los programas de seguimiento y acompañamiento a las necesidades específicas de las mujeres con VIH?
Es fundamental abordar los factores sociales y culturales que pueden influir en la calidad de los cuidados de salud. Dado que muchas mujeres en nuestro país son inmigrantes, resulta imprescindible incorporar esta perspectiva en la atención. Asimismo, se debe garantizar el acceso a servicios de manejo ginecológico que consideren las particularidades relacionadas con el uso de antirretrovirales y sus posibles interacciones con tratamientos anticonceptivos o terapia hormonal.
Finalmente, la atención debe ser individualizada y personalizada, reconociendo que cada mujer presenta necesidades específicas. La investigación de las circunstancias particulares de cada paciente, así como la identificación y provisión de recursos que faciliten su seguimiento, son elementos clave para lograr un abordaje integral que optimice la respuesta tanto al VIH como a otras necesidades médicas.
En su opinión, ¿qué papel juega la participación femenina en los ensayos clínicos y qué estrategias podrían mejorarla?
Como se ha mencionado previamente, este aspecto resulta fundamental. En la actualidad, en muchos ensayos clínicos, el embarazo ya no constituye un criterio automático de exclusión para la participación de mujeres. Asimismo, se procura alcanzar, si bien no una paridad absoluta, al menos una representación mínima del 30%. Además, se considera importante analizar las barreras estratégicas que afrontan las mujeres para participar en los ensayos y proporcionar apoyos específicos, como el cuidado de menores o personas mayores dependientes.