De su Galicia natal al corazón de África, en la actualidad trabaja en la OMS, en Ginebra. Ese es el periplo que la Dra. Marta Lado ha seguido en su vínculo profesional con el VIH y otras enfermedades infecciosas, especialmente con las patologías tropicales. De su labor contra la infección por el VIH en el continente africano, las diferencias del abordaje de la enfermedad respecto a países como España, y de su trabajo en la Organización Mundial de la Salud, nos habla en la siguiente entrevista.

¿Cómo termina una coruñesa como usted en el corazón de África tratando enfermedades infecciosas?

Es una historia larga. Estudié Medicina en Santiago de Compostela e hice la residencia en Medicina Interna en Vigo. Posteriormente, pude trasladarme a Madrid donde tuve la suerte de formar parte del equipo de Emilio Bouza, en el Hospital Gregorio Marañón, de 2009 a 2011. Tras ese periodo, en 2012 tuve la oportunidad de realizar un master en la London School of Tropical Medicine, donde me entró el gusanillo por infecciones tropicales. De regreso a España monté en el Hospital de Torrejón de Ardoz, en el servicio de Medicina Interna, un equipo específico de atención a estas patologías. Nos centramos mucho en pacientes llegados de África. Había personas con VIH, pero con un perfil distinto al de España: con infecciones por criptococo, mucha tuberculosis… El patrón de enfermedades oportunistas y resistencias era distinto, con un estigma muy grande, negación, condiciones de vida insalubres y de gran pobreza.

Tras eso pedí excedencia y me marché a un proyecto en Sierra Leona liderado por la ONG del King’s College London, en el que tuve oportunidad de hacer mucha práctica clínica. A los meses de estar allí irrumpió el brote de Ébola. El año de excedencia inicialmente previsto se convirtió en dos. En 2018 aún seguía por allí pero ya formando parte de la ONG americana Partners in Health, como directora médica. Mi cometido principal pasó a ser el diseño de programas de salud y de práctica clínica en colaboración con el Gobierno de Sierra Leona y el Ministerio de Salud. Entre otros, ayudé a montar la primera UCI del país en el hospital militar durante la primera ola de COVID-19.

Tras eso me trasladé a Ginebra para formar parte del equipo de emergencias de la OMS frente a enfermedades infecciosas emergentes, desarrollando guías clínicas, recomendaciones, articulando la respuesta de la OMS ante brotes (lo que me ha permitido volver puntualmente a zonas afectadas) y preparando, al fin y al cabo, mucho material de formación.
Echo de menos la labor clínica, así que espero volver pronto a África.

¿Cómo es la situación del VIH en África?

Crees tener una idea de a qué te enfrentas, ya que vas con la experiencia de un sistema sanitario como España, pero todo es muy distinto y complejo. En lugares como Sierra Leona o Liberia no hay cobertura sanitaria universal. Los programas VIH son verticales, los tratamientos están financiados y tú cuentas con los recursos para dar antirretrovirales a esa persona. Pero no existe atención primeria y todo el camino que antecede hasta proporcionar el tratamiento antirretroviral es tremendamente difícil de conseguir: radiografías o analíticas para una tuberculosis, ver cómo funciona el riñón, test de hepatitis, etc. Todo eso se lo tiene que pagar el paciente de su bolsillo. Por lo tanto, el manejo del paciente VIH desde un prisma global, atendiendo también sus comorbilidades, es muy complicado.

Aparte, la infraestructura y las herramientas con las que podemos trabajar también están muy limitadas. ¿Cómo comprobar CD4? ¿Cargas virales? Los laboratorios, si es que existen, tienen una dotación escuálida. Tienes que pensar que lo que vayas a hacer no sea muy caro. La sostenibilidad es lo que va a marcar tu trabajo. Eso me costó casi un año comprenderlo. Dentro de tus posibilidades tratas de conseguir recursos de programas de filantropía, de ONGs, de programas de ayudas, etc. para mejorar la atención a los pacientes. El anhelo es tratar de pasar de pensar en ese tratamiento vertical a una atención más horizontal, tratar de fortalecer el sistema sanitario en un concepto global.

¿Qué se puede aprender de la experiencia de tratar el VIH en África para trasladarla a un país como España?

Me ha enseñado mucho sobre la empatía con el paciente y su contexto. En un país desarrollado como España, al final terminas trabajando con recursos automatizados y a veces puedes llegar a tratar de una forma más impersonal al paciente. Creo que es necesario insistir en la humanización de la medicina que ofrecemos.

En España también hemos perdido la capacidad de concienciación social en la comunidad. En países como Sierra Leona, en todos los rangos sociales había una conciencia sobre educación sanitaria en torno al VIH. La gente sabía cuál era el tratamiento, qué son los CD4 o qué representa la carga viral.

La visión del VIH que durante años se mantuvo en los países desarrollados también caló muy hondo en esta región. Al principio dominó un mensaje sesgado y basado en un entorno occidental: los que tenían VIH eran homosexuales y consumidores de drogas por vía parenteral cuando en un país como como Sierra Leona, el perfil es el de parejas heterosexuales, parejas discordantes.

Había muchos diagnósticos tardíos, el 60% de los ingresados morían. Aún se está tratando de conseguir estabilizar, mejorar la prevención y diagnóstico con el objetivo de ‘cronificar’ la enfermedad.

En un futuro, ¿hacia dónde querría encaminar sus pasos en el campo del VIH?

Me gustaría volver al terreno para liderar programas de salud. Tengo previsto regresar a África occidental a mediados de 2022 para seguir trabajando en el ámbito de las enfermedades infecciosas emergentes, cambiar un poco la perspectiva de cómo se deben hacer las cosas, promover unidades de infecciosas con centros de tratamiento específicos, unidades de alta dependencia o para manejo de pacientes críticos, etc.

El COVID-19 nos ha traído una enseñanza en el ámbito de las enfermedades infecciosas: la necesidad de crear unidades para atender casos críticos, y aparte, unidades de atención a pacientes con infecciosas. Quiero aspirar a la excelencia clínica y a conseguir lo que en países como España es algo común.